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pistolas de agua

El corazoncito de mi reloj

Al despertar el reloj estaba en blanco, no parado, ni con la agujas en una posición inmutable. Estaba en blanco. Se le apago el corazón, ya no transcurre el tiempo. Tal vez confió demasiado en los relojes, o me  obsesiono con el tiempo, o con la distancia. Últimamente mi disco de cabecera es “Canciones para el tiempo y la distancia” (del gran Iván Ferreiro).  

 

Dentro de unos días (o de unos meses) lo llevare a algún especialista para que le transplante un corazoncito. Otro que vendrá envuelto dentro de una cajita, guardado en cualquier cajón, esperando su oportunidad. Y le dará de nuevo vida a su cuerpecito. Entonces despertará y recuperará el tiempo perdido, con prisa, querrá disfrutar del tiempo que ha estado parado, disfrutará, como el anterior, con las pequeñas cosas que puede vivir desde mi muñeca, le enseñaré el mundo, dormiré junto a el....   Cuando le pregunté me contestará totalmente sincero, con la ilusión de cualquier principio. Seremos nuevamente inseparables.

 

Creo que durante unos días, yo también voy a parar mi corazón. Asumiendo el riesgo de que no haya nadie que haga lo mismo que yo con mi reloj.

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